Como se señalado en publicaciones anteriores, María Francisca de Sales y Portocarrero nace en Granada en enero de 1825 y fue la primogénita de la familia. Diecinueve años más tarde, el 14 de febrero de 1844, hace 182 años, contrae matrimonio con Jacobo Fitz James Stuart y Ventimiglia, XV duque de Alba. El lugar de la celebración fue en la capilla del antiguo Palacio de Ariza, en la plaza del Ángel de Madrid.
La pareja anunció su compromiso un año antes, durante un baile de máscaras, que durante aquella época eran eventos muy propios del ambiente aristocrático. Destacaban especialmente las fiestas organizadas por la madre de Francisca, María Manuela Kirkpatrick, en la Quinta de los Montijo en Carabanchel, lugar de reunión de nobles, aristócratas, intelectuales, políticos, cantantes, escritores o actores.
Este enlace supuso la unión de dos de las casas más poderosas de España: los Portocarrero-Palafox, con títulos como Montijo o Peñaranda, y los Fitz-James Stuart, herederos de la Casa de Alba, de Olivares y del linaje del duque de Berwick.
Esta boda consolidó una red de alianzas que marcó la vida política y social de la época. Es por este matrimonio que los restos de Francisca descansan en el panteón familiar de los Alba en Loeches, donde destaca la pieza más impresionante: su cenotafio.
Santo Domingo de Guzmán nació hacia 1170 en Calaruega, una pequeña localidad de la actual provincia de Burgos que con el tiempo se convertiría en un lugar de referencia espiritual. Era el tercer hijo de Félix de Guzmán y Juana de Aza, una familia noble profundamente cristiana que la tradición considera una auténtica “familia de santos”.
Desde su nacimiento, la figura de Domingo estuvo rodeada de símbolos y relatos que la iconografía cristiana ha conservado: su madre soñó que llevaba en su seno un cachorro con una antorcha encendida en la boca, presagio de que su hijo iluminaría el mundo con la luz del Evangelio. Otra leyenda nos cuenta que su madrina al sacarlo de la pila bautismal vio que tenía en la frente una estrella resplandeciente, presagio de que Domingo iluminaría con ella al mundo. De ahí que la estrella y el perro con la antorcha se convirtieran en emblemas dominicanos.
Recibió el nombre de Domingo por la gran devoción existente en la comarca al abad reformador Santo Domingo de Silos, y fue bautizado en una pila que más tarde alcanzaría fama histórica al ser utilizada para bautizar a miembros de la Casa Real española.
Desde niño recibió una sólida formación religiosa, primero en Gumiel de Izán junto con su tío materno el arcipreste Gonzalo de Aza, y después en el Estudio General de Palencia, donde cursó artes liberales y teología. Allí destacó no solo por su inteligencia, sino también por su sensibilidad hacia los problemas sociales de aquel momento, llegando incluso a vender sus libros —un bien muy valioso en la época— para ayudar a los necesitados durante una hambruna.
La etapa en Osma y el descubrimiento de su misión
Su prestigio intelectual y espiritual llegó a oídos del obispo de Osma, Martín de Bazán, quien lo incorporó como canónigo regular de su catedral. En Osma comenzó una intensa vida de oración, estudio y servicio, y trabó una amistad decisiva con Diego de Acebes, futuro obispo.
Junto a él emprendió un viaje diplomático que cambiaría el rumbo de su vida: en el sur de Francia entraron en contacto con el catarismo, un movimiento religioso considerado herético por la Iglesia. Domingo comprendió entonces que la respuesta no podía ser la violencia ni el lujo, sino la predicación acompañada de una vida pobre, coherente y evangélica.
Convencido de ello, se dedicó durante años a predicar incansablemente, enfrentándose a incomprensiones y peligros, pero siempre con serenidad y firmeza.
En 1206, junto al obispo Fulco de Toulouse, fundó el monasterio de Prulla, destinado a acoger y proteger a mujeres de la nobleza que habían sido influenciadas por los herejes. Este humilde cenobio es considerado la cuna de la futura Orden de Predicadores.
El nacimiento de la Orden de Predicadores
Tras la muerte de Diego de Acebes, Domingo continuó la misión en solitario durante casi una década, reuniendo a un pequeño grupo de predicadores sin una estructura jurídica fija, unidos únicamente por el deseo de anunciar la verdad.
Poco a poco fue madurando la idea de fundar una orden religiosa dedicada específicamente a la predicación y al estudio. En 1216, el papa Honorio III aprobó oficialmente la Orden de los Frailes Predicadores, basada en la Regla de san Agustín y con dos pilares fundamentales: la predicación y el estudio.
Esta novedad marcaría profundamente la vida de la Iglesia medieval.
Domingo tomó una decisión audaz en 1217: dispersar a sus frailes por Europa para llevar el Evangelio a universidades y ciudades clave como París y Bolonia. El resultado fue sorprendente: en apenas cuatro años, la Orden contaba con más de sesenta comunidades.
Surgía así una de las grandes corrientes intelectuales y espirituales del siglo XIII, de la que más tarde formarían parte figuras como Santo Tomás de Aquino y San Alberto Magno, pilares de la escuela tomista.
Últimos años y legado
Incansable viajero, Domingo recorrió Francia, Italia y España, fundando conventos —como los de Segovia y Madrid— y fortaleciendo a sus comunidades. A pesar de su creciente prestigio, vivió siempre con sencillez, austeridad y una profunda humanidad.
Antes de morir, aún tuvo fuerzas para convocar dos Capítulos Generales, sentando las bases democráticas y misioneras de la Orden.
Murió el 6 de agosto de 1221 en Bolonia, en una pequeña y humilde celda del convento de San Nicolás. Sus restos reposan en el Arca de Santo Domingo realizada en 1264 por Nicola Pisano y conservada en la Basílica de Santo Domingo en Bolonia.
En ella aparecen representados algunos de los principales episodios de su vida, como su nacimiento, con el perro y la antorcha, la disputa con los cátaros o la fundación de la Orden de Frailes Predicadores.
Trece años después de su muerte, el papa Gregorio IX lo canonizó, reconociendo oficialmente la santidad de quien fue llamado con razón el Padre de los Predicadores. Desde entonces, su legado sigue vivo allí donde la palabra se une al estudio, la fe al compromiso y la verdad a la misericordia.
Tal día como hoy, hace 127 años, fallece Alejandro Prota Boassi a los 76 años. Fue una figura destacada vinculada a Loeches, localidad en la que veraneaba junto a su familia, atraído por los balnearios de aguas medicinales que funcionaron durante décadas en el antiguo palacio mandado construir por el Conde-Duque de Olivares.
Apoderado de la Casa de Alba y benefactor del monasterio
Alejandro Prota desempeñó el cargo de apoderado de la Casa de Alba y fue también benefactor del monasterio de la Inmaculada Concepción. Gracias a esta vinculación, residió en el palacio que la Casa de Alba había heredado de la familia Olivares a finales del siglo XVII, reforzando así su estrecha relación con la villa.
Vida familiar y entorno cultural
Contrajo matrimonio con Emilia Carmena Monaldi, pintora de cámara de la reina Isabel II, y tuvieron una hija, Isabel Prota Carmena, que llegó a ser una reconocida compositora de música religiosa y fue muy querida por la comunidad dominica del monasterio.
El final de una etapa en Loeches
La familia mantuvo su residencia estival en Loeches hasta 1885, año en el que Alejandro Prota decidió trasladar los veranos a otro lugar con el fin de alejar a su hija de la vida religiosa a la que aspiraba, ya que ella deseaba abandonar sus estudios musicales para tomar el hábito y vivir en clausura. A pesar de ello, Alejandro Prota nunca perdió el vínculo especial que mantuvo con la villa de Loeches… pero esa ya es otra historia.
Tal día como hoy, hace 383 años, Gaspar de Guzmán y Pimentel, el célebre Conde-Duque de Olivares y valido del rey Felipe IV, abandona la corte de Madrid para trasladarse a su palacio en Loeches con el fin de retirarse de su cargo y pasar los últimos años de su vida dedicados a la oración y al descanso.
Un contexto de crisis política y social
Tras más de dos décadas como mano derecha del monarca, su salida se produce en un contexto de fuerte tensión política y social, marcado por los conflictos con los grandes de España, el clero, la grave revuelta de Cataluña y Portugal, la guerra contra Francia y una profunda crisis económica que afectaba al imperio. Finalmente, Felipe IV accede a la presión acumulada y concede al Conde-Duque el permiso real para retirarse de la vida política activa.
La relación entre Felipe IV y su valido
La relación entre el rey y su valido fue siempre estrecha y trascendió lo meramente institucional, como reflejan las numerosas cartas intercambiadas entre ambos. Estas muestras de respeto e incluso de afecto explican la dificultad de una decisión que puso fin a una de las etapas más influyentes del reinado.
Loeches como lugar de retiro del Conde-Duque
Gaspar de Guzmán había adquirido el señorío de Loeches en 1633 con la intención de establecer allí su retiro. Para ello mandó construir un palacio y fundó el monasterio de la Inmaculada Concepción de las dominicas recoletas. En Loeches residió durante cerca de cinco meses, hasta que la difusión de un panfleto anónimo, en el que se le responsabilizaba de los males del imperio, reavivó las tensiones en la corte. Su respuesta escrita no hizo sino intensificar la hostilidad de sus enemigos… pero esa ya es otra historia.
Tal día como hoy, en 1825, nace en Granada, María Francisca Sales Portocarrero Palafox Kirkpatrick, hija de Cipriano Palafox y Portocarrero y de María Manuela Kirkpatrick. Fue conocida popularmente como Paca Alba y fue hermana mayor de Eugenia de Montijo.
Títulos nobiliarios
Como primogénita de la familia, heredó importantes títulos nobiliarios de su padre, entre ellos el de Grande de España, duquesa de Peñaranda de Duero y condesa de Miranda de Castañar, de Montijo y de Baños.
Educación y matrimonio
Recibió su educación en París junto a su hermana Eugenia y, tras la muerte de su padre, ambas regresaron a España con la intención de concertar sus matrimonios. En 1844, María Francisca contrajo matrimonio con Jacobo Fitz-James Stuart y Ventimiglia, con quien tuvo tres hijos.
Fallecimiento y lugar de enterramiento
En 1859 enfermó de tuberculosis y falleció tan solo un año después, en 1860, en París. Tras su muerte, su hermana Eugenia y su viudo mantuvieron diversas conversaciones por carta para decidir el lugar de su enterramiento. Finalmente, se acordó que sus restos descansaran en el Panteón de la Casa de Alba.
Un nacimiento marcado por el simbolismo y la tradición
El 6 de enero, día de los Reyes Magos de 1587, nació en la embajada de España en Roma Gaspar de Guzmán y Pimentel, el menor de los hijos de los condes de Olivares.
Ese mismo año falleció en Salamanca su hermano mayor. Ante esta situación, sus padres sortearon su nombre entre los de los tres Reyes Magos y, en su bautismo, eligieron como padrinos a un pobre y a una beata, evitando cualquier tipo de ostentación.
Infancia, formación y primeros reconocimientos
El rey Felipe II le concedió el privilegio de pertenecer a la Orden de Calatrava, una orden militar y religiosa, mediante un permiso especial del papa, a pesar de tratarse todavía de un niño.
Su infancia transcurrió entre Roma, Palermo y Nápoles. Con tan solo 13 años regresó a España junto a su padre. Recibió una educación orientada inicialmente a la vida eclesiástica y el papa Clemente VIII le otorgó diversos cargos religiosos de importancia, aunque nunca llegó a ocuparlos oficialmente.
De heredero de Olivares a figura clave de la historia
A los 14 años, en 1601, fue enviado a estudiar Derecho y Teología a la Universidad de Salamanca, institución de la que llegaría a ser rector. Tres años más tarde, en 1604, falleció su hermano Jerónimo, lo que convirtió a Gaspar de Guzmán en heredero de la familia y del estado de Olivares.
Veinte años después, tras la muerte de Felipe III y la llegada al trono de Felipe IV, Gaspar de Guzmán se convertiría en uno de los hombres más poderosos de la corte española… pero esa ya es otra historia.
El nacimiento de un referente del periodismo español
Tal día como hoy, hace 123 años, se funda el periódico ABC con su primera publicación. Su fundador fue Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, periodista y empresario español que ya en 1891 había creado la revista Blanco y Negro, considerada el precedente directo del diario ABC.
La nueva publicación nació con el objetivo de convertirse en un referente cultural, moral y político, con una línea editorial conservadora, monárquica y católica, rasgos que han marcado su identidad a lo largo de su historia y que lo han convertido en uno de los diarios más influyentes de España.
La relación entre ABC y la historia de Loeches
El periódico ABC quedó vinculado a la historia de Loeches gracias a la relación de su fundador y su familia con la localidad. Torcuato Luca de Tena y los suyos veraneaban en el municipio, atraídos por los balnearios de aguas medicinales que estuvieron en funcionamiento durante casi un siglo.
A comienzos del siglo XX, la familia construyó una vivienda en plena Plaza de la Villa, un edificio de estilo neomudéjar, realizado en ladrillo y teja, materiales muy característicos de esta zona conocida como el Triángulo del Ladrillo, dejando una huella arquitectónica y cultural que aún forma parte del patrimonio local.
Música, espiritualidad y memoria cultural en Loeches
El pasado domingo 14 de diciembre de 2025 se celebró en la iglesia del Monasterio de la Inmaculada Concepción el concierto de Navidad anual a cargo de la Escuela Municipal de Música, Danza y Teatro de Loeches. Este concierto es una forma popular de acercar la música clásica festiva al público y, al mismo tiempo, dar a conocer a una vecina ilustre de la Villa.
La primera pieza interpretada fue una obra compuesta por la compositora del siglo XIX María Isabel Prota Carmena. A pesar de haber sido una mujer muy reconocida en su tiempo por su talento, hoy es una figura que se está redescubriendo gracias a estos eventos culturales, sorprendiendo por la amplitud de su obra musical, literaria y religiosa, y por su estrecha relación con la comunidad dominica del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Loeches.
Orígenes familiares y vínculo con la Casa de Alba
Isabel Prota fue hija de Alejandro Prota Boassi y Emilia Carmena Monaldi, ambos descendientes de familias de origen italiano. Su padre fue secretario honorario de la reina Isabel II y apoderado general de la Casa de Alba, mientras que su madre fue pintora de cámara de la misma reina.
Isabel nació el 8 de noviembre de 1854, teniendo como padrinos a los propios reyes de España. La relación de esta familia con Loeches se debe al palacio construido por el Conde-Duque de Olivares, que la Casa de Alba heredó tras un matrimonio celebrado entre ambas familias a finales del siglo XVII. Fue el XV duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Ventimiglia, quien nombró a Alejandro Prota apoderado de su casa. En el verano de 1853 la familia se trasladó a dicho palacio, convirtiéndose también en benefactora del monasterio de dominicas de la Inmaculada Concepción.
Los balnearios y el esplendor cultural de la Villa
Una de las principales razones por las que la familia Prota se afincó en Loeches durante los veranos fueron los balnearios de aguas mineromedicinales, abiertos en 1850 y muy populares entre las clases altas. Familias como los Prota, los Luca de Tena, los Sanz, los Arango o los Murga pasaron largas temporadas estivales en la localidad, construyendo aquí sus segundas residencias.
Durante casi un siglo, hasta el cierre de los balnearios en torno a 1920, Loeches vivió un notable esplendor cultural, económico y arquitectónico ligado al negocio de las aguas. Sin embargo, para Isabel y su madre, el vínculo con Loeches fue más profundo, marcado por lo artístico y lo espiritual.
La relación con las dominicas y la vocación religiosa
Emilia Carmena, profundamente católica, se vinculó rápidamente con las monjas dominicas del monasterio de la Inmaculada, asumiendo un papel activo como patrona de la comunidad. Pintó y donó más de cincuenta copias de los cuadros que decoraban la iglesia y que habían ido desapareciendo, especialmente a comienzos del siglo XIX. También organizó eventos benéficos, ayudó a vender piezas decorativas y colaboró en distintas iniciativas para sostener a la comunidad.
Durante esta etapa se iniciaron, sin llegar a concluirse, obras para un panteón familiar, además de intervenciones en la galería porticada de acceso a la clausura y en la iglesia.
Isabel pasó los veranos de su infancia aprendiendo pintura y música en el palacio, pero su relación con las dominicas fue creciendo hasta despertar en ella una fuerte vocación religiosa. Aunque su padre se opuso a que tomara el hábito, y llegó a cerrar la conexión directa entre la iglesia y el palacio, Isabel mantuvo su compromiso espiritual con la ayuda de su madre. Al mismo tiempo que desarrollaba su faceta artística como compositora de órgano, creó piezas musicales para misas y celebraciones litúrgicas dedicadas a las dominicas de Loeches.
Últimos años, obra y legado cultural
En 1885, con el objetivo de alejar a Isabel de la vida de clausura que deseaba, su padre decidió dejar de veranear en Loeches y trasladar a la familia a Biarritz. Aunque esta decisión puso fin a la relación directa de los Prota con la Villa, el vínculo con las dominicas se mantuvo. Emilia continuó su relación epistolar con la comunidad y buscó nuevas formas de ayudarlas.
Isabel se centró en su música sin abandonar nunca su fe ni su devoción religiosa. Formó parte de Acción Católica, dedicó toda su obra a las dominicas de Loeches y les cedió su patrimonio en testamento. Gracias a una donación posterior, hoy se conserva en la Oficina de Turismo de Loeches uno de los pianos de esta destacada compositora.
La totalidad de su obra musical se conserva en la Biblioteca Nacional, con cerca de un centenar de composiciones, todas de carácter religioso. También destacó como escritora, con un artículo biográfico sobre Sor Francisca de Cristo, una traducción de Vida del Sr. Dupont de J. Janvierre y una obra propia titulada La Eucaristía y la virginidad.
Isabel Prota fue reconocida y premiada en vida. En 1884 se publicó un artículo elogiando su obra en La Correspondencia Digital. En 1882 obtuvo el primer premio en el certamen internacional de Salamanca por musicalizar los versos de Santa Teresa Vivo sin vivir en mí. En 1893 recibió la medalla al mérito especial de la Comisión del Mundo Colombiense en la Exposición Internacional de Chicago, a la que viajó para recoger el galardón.
Gracias a figuras como Isabel Prota, Loeches ha sido protagonista de momentos clave en la historia cultural, artística y religiosa. Su vínculo con el monasterio de dominicas sigue vivo hoy a través de conciertos, visitas teatralizadas y actividades culturales que permiten a los visitantes redescubrir su figura y los espacios donde rezó, compuso y dejó su huella.