
Hace 106 fallecía a los 94 años María Eugenia de Palafox-Portocarrero de Guzmán y Kirkpatrick, popularmente conocida como Eugenia de Montijo, la última emperatriz de Francia.
Tras la caída del Segundo Imperio en 1870, vivió exiliada en Inglaterra, donde pasó décadas marcada por la pérdida de su esposo, Napoleón III, y de su hijo, que falleció durante la guerra anglo-zulú, convirtiéndose en símbolo vivo de una época desaparecida.
Durante el último periodo de su vida residía principalmente en el palacio de Liria en España junto con su sobrino nieto, el XVII duque de Alba, y en Inglaterra, dependiendo de las circunstancias. A pesar de su avanzada edad, conservaba lucidez y una fuerte religiosidad. Su salud fue debilitándose progresivamente hasta que falleció tras una intervención de cataratas en el palacio de Liria.
Sus restos fueron trasladados a la Farnborough Abbey, donde reposa junto a su esposo e hijo, en un mausoleo que conserva la memoria de la última familia imperial francesa.





