
El 27 de octubre de 1609 nació en Sevilla María de Guzmán y Zúñiga, I marquesa de Eliche. Fue la única hija que sobrevivió al matrimonio formado por Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, e Inés de Zúñiga. Considerada desde niña la heredera del poderoso valido de Felipe IV, pasó su infancia entre Sevilla y la Corte, adonde se trasladó en 1615 cuando su padre comenzó a servir al entonces príncipe Felipe. Los testimonios de la época la describen como una joven de carácter dulce, maduro y discreto. En 1622 fue nombrada menina de la reina Isabel de Borbón y pasó a residir en el Real Alcázar de Madrid, donde más tarde sería dama de la soberana y participaría en los festejos y representaciones teatrales de la Corte.
Su posición convirtió su matrimonio en un asunto de gran interés político. Aunque se barajaron diversos enlaces con importantes casas nobiliarias, el conde-duque eligió como esposo a su primo Ramiro Pérez de Guzmán, II marqués de Toral. La boda se celebró a comienzos de 1625 en el Real Alcázar de Madrid. Desde entonces ambos ostentaron el título de marqueses de Eliche, consolidando la continuidad de la casa de Olivares.
La vida de María fue tan prometedora como breve. Tras quedar embarazada poco después de su matrimonio, falleció el 30 de julio de 1626, con solo diecisiete años, a consecuencia de las complicaciones del parto, en el que también murió su primera hija. Su pérdida afectó profundamente al conde-duque de Olivares y a su esposa. Fue enterrada primero en el colegio de Santo Tomás de Madrid y, años más tarde, sus restos fueron trasladados a la cripta del monasterio de la Inmaculada Concepción de Loeches, panteón familiar de los Olivares.




