26 de abril de 1625: se celebra la boda entre Luis Méndez de Haro y Guzmán y Catalina Fernández de Córdoba y Aragón.

Hace 401 años, se celebró el matrimonio entre Luis Méndez de Haro y Guzmán y Catalina Fernández de Córdoba y Aragón. Luis era el hijo de Diego Méndez de Haro, V marqués de Carpio, y de Francisca de Guzmán, hermana de Gaspar de Guzmán y Pimentel, I conde-duque de Olivares. Catalina era la hija de un aristócrata catalán, Enrique Folch de Aragón, VI duque de Cardona, y de Catalina Fernández de Córdoba y Figueroa, nacida a su vez del IV marqués de Priego, Pedro Fernández de Córdoba, y Juana Enríquez de Ribera, hija del II duque de Alcalá de los Gazules, y de Juana Cortés, hija del conquistador de México Hernán Cortés.
Al principio, el conde-duque de Olivares había mantenido conversaciones con su hermana, madre de Luis, con la intención de unir ambas familias mediante el matrimonio entre Luis y María de Guzmán, única hija de Olivares. Sin embargo, al observar que Luis iba ganando cada vez más la confianza del rey Felipe IV, el conde-duque cambió de decisión y optó por casar a su hija con un pariente lejano de los Guzmán, Ramiro Pérez de Guzmán, II marqués de Toral. Con esta decisión, Olivares dejó clara su autoridad y reforzó el papel de subordinación que esperaba de sus familiares.
A pesar de que finalmente las casas de Olivares y del Carpio no se unieron mediante ese matrimonio, Luis terminó convirtiéndose en heredero de su tío. Los hijos que el conde-duque tuvo con su esposa no sobrevivieron a la adolescencia, y Olivares decidió reconocer a su hijo bastardo unos años antes de morir para que formara parte de la herencia. Sin embargo, tras la muerte del valido, este hijo ilegítimo falleció también apenas dos años después. Después de varios años de disputas entre distintos aspirantes por los títulos, cargos y propiedades de Olivares, fue Luis de Haro quien logró finalmente hacerse con la parte más importante de la herencia. De este modo, continuó ostentando el célebre título como II conde-duque de Olivares, continuado hoy por la casa de Alba. Luis, además, heredó el palacio que su tío había construido cerca del monasterio de la Inmaculada Concepción en Loeches, donde hoy se encuentra el panteón y cripta de la casa de Alba. Es aquí donde descansan los restos de Luis y su mujer Catalina.




