Monasterio de la Inmaculada Concepción
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Información para la visita
Ubicación
Parking Cercano
Acceso
Época y estilo
Qué ver cuando vengas
- La fachada barroca diseñada por Alonso Carbonel, prácticamente idéntica a la del Monasterio de la Encarnación de Madrid y representativa del estilo cortesano madrileño del siglo XVII.
- El fresco monumental de Fernando Calderón en el altar mayor, dedicado a Santo Domingo de Guzmán y financiado por la Casa de Alba.
- La reja histórica que separaba la zona de clausura y daba acceso al panteón de la Casa de Alba.
- El balcón del Conde Duque, desde donde asistía a misa sin mezclarse con el resto del público.
- El entorno de la plaza, uno de los rincones con mayor riqueza histórica del casco urbano.
Historia y curiosidades
El monasterio de la Inmaculada Concepción formó parte del gran proyecto político y religioso impulsado por el Conde-Duque de Olivares en Loeches durante el siglo XVII. Más allá de su función espiritual, el conjunto tuvo un papel destacado como espacio vinculado a la alta nobleza y a la vida cortesana de la época.
Durante siglos, el monasterio acogió una comunidad estable de monjas dominicas recoletas, que mantuvieron la actividad religiosa hasta el año 2012. La vida en clausura marcó profundamente la organización del edificio y su relación con el entorno urbano.
El conjunto sufrió importantes transformaciones a lo largo del tiempo, especialmente a partir del siglo XIX, cuando los conflictos bélicos y los cambios históricos provocaron la pérdida de parte de su patrimonio artístico y arquitectónico original.
Curiosidad: el monasterio estuvo estrechamente ligado a la nobleza madrileña, y durante generaciones fue habitual que familias aristocráticas eligieran este lugar para la toma de hábito de sus hijas, reforzando su carácter como espacio de referencia en la España barroca.
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